En
esa búsqueda por capitalizar un nuevo centro de la vida digital, los
fabricantes de tecnología de consumo han insistido, constantemente en
los últimos dos años, que los relojes inteligentes
venían a revolucionar la forma en la que los seres humanos interactúan con las máquinas.
De momento, y pese a contener picos de ventas importantes, su
popularización se encuentra a años luz de la protagonizada por el
teléfono móvil inteligente, que continúa, y posiblemente continuará
durante mucho tiempo, como el producto indispensable. Nada más lejos de
la realidad.
Esos «smartwatches», en efecto, se han revelado como
dispositivos prácticos. Útiles a lo sumo. Pero su ecosistema de trabajo y
las opciones que integran, presentes ya en la mayoría de «smartphones»,
no han favorecido a su mayor recorrido en el mercado. Únicamente los
servicios de monitorización de la actividad física, que registran datos
curiosos e interesantes, han señalado el camino a seguir por este tipo
de dispositivos cuyas ventas se las reparten, principalmente, dos
empresas,
Fitbit y Apple, cuya propuesta (Apple Watch), cumple el próximo domingo su primer año en las tiendas.
Tampoco la aparición de la alternativa Android Wear ha invertido la
tendencia. Es más, la plataforma desarrollada por Google no ha
catapultado las ventas y son muchas firmas como Samsung las que ya
apuestan por sus ecosistemas propios. Ya se sabe, quien tiene el control
del sistema operativo tiene el verdadero poder.
El resultado, pese a ser optimista, no refleja un cambio de paradigma ni una revolución. Tal
vez es aún demasiado pronto para atestiguar lo que este tipo de
dispositivos de muñeca pueden llegar a conseguir. Pero, en líneas
generales, y aunque se han dado paso, podemos dudar de sus capacidades
de atracción. Con ellos, bien se conoce, podemos, además de consultar la
hora (no deja de ser un reloj), revisar la distancia recorrida, los
pasos andados. Se puede consultar el correo, recibir alertas de ciertas
aplicaciones como el calendario. Son meras interacciones de segundos.
Pero, a lo sumo, se ejecutan a modo de complemento, para realizar
simples vistazos rápidos, pero sin más alcance que momentos puntuales.
En el día a día, están tecnológicamente hablando muy verdes.
Esa idea conceptual ha repercutido, sin dudas, en su aceptación
global del producto. Posiblemente, en el momento en el que se logren
extender las oportunidades de realizar pagos móviles con servicios como
Apple Pay, Samsung Pay y tantos otros en los negocios como alternativa
al uso de tarjetas en los terminales de pago en las tiendas su uso se
generalizará. Pero de momento, su público parece estar dirigido a un
pequeño nicho de llamados «early adopters» que acuden a toda innovación
tecnológica como atraídos por cantos de sirena.
Aún así, las
previsiones son optimistas y apuntan a un gran crecimiento en los
próximos años a partir del momento en el que se maduren las innovaciones
y se ofrezcan servicios distintos a los presentes en los «smartphones».
Ya se trabajan en muchos de ellos, como método para desbloquear
máquinas, acceder a vehículos, herramientas más precisas y, sobre todo,
bajo la gran esperanza de una profunda revisión de su autonomía, que en
la mayoría, al menos los «smartwatches» tal y como se conciben ahora
(pantallas táctiles que necesitan muchos recursos), sigue siendo su
principal aspecto negativo.
Según la firma de análisis de mercado IDC,
la venta de «wearables» superará los 110 millones de unidades en este
2016, equivalente a un aumento del 38.2% frente a los 72 millones de
productos vendidos el año anterior. Los analistas apuntan a que este
crecimiento generará un mayor interés entre los consumidores y, como
consecuencia, un descenso de los precios, lo que llevaría a duplicar sus
ventas en 2020 (237.1 millones de unidades vendidas). Todo ello gracias
al crecimiento de los «smartwatches», que impulsarán su interés en el
mercado.
Los expertos recalcan que el mercado se verá impulsado
la proliferación de nuevos y diferentes «wearables», ya que algunos de
los productos que se fabrican
actualmente abrirán puerta a nuevas experiencias, nuevos casos de uso y nuevas aplicaciones. Otra visión de futuro que permitirá atrapar al usuario será el impulso generalizado por la
incorporación de las llamadas tarjetas SIM virtuales (eSim),
que permitirán que estos dispositivos se independicen del móvil y ganen
en servicios. «Aunque los 'smartwatches' como el Apple Watch o el
Android Wear acaparan toda la atención, sólo representarán una cuarta
parte de todos los 'wearables' en 2016 y aumentarán hasta un tercio en
2020», señala en un comunicado el analista senior de IDC
Jitesh Ubrani.
Por su parte desde
la firma de análisis Gartner
se pronostican unas ventas de 274.6 millones de «wearables» para este
año, equivalente a un aumento del 18.4% respecto al año anterior, cuando
se registraron 232 millones de unidades vendidas. Las ventas de
dispositivos electrónicos ultraportátiles generará ingresos de 28.700
millones en 2016, de los cuales 11.500 millones provendrán de los
«smartwatches», sobre todo, auspiciado por el gran interés despertado
por el modelo Apple Watch. «La adopción del smartwatch aumentará el 48%
en gran parte debido a la popularización de Apple», sostiene
Angela McIntyre,
directora de investigación de Gartner, quien subraya que adopción se
mantendrá «muy por debajo» de las ventas de teléfonos inteligentes.
El universo alrededor y los complementos
Solo el pasado año, Apple, cuyo desembarco en este nuevo nicho de mercado fue tardío,
ha logrado colocar más de 11.6 millones de unidades de su Apple Watch,
uno de los «smartwatches» con mejor acabado y prestaciones originales.
Aunque se desconoce (aún) su alcance a lo largo de los últimos meses y,
evidentemente, habrá que esperar a final de año para conocer más
detalles sobre su relevancia en el mercado, han surgido ya previsiones
de analistas (KGI Securities) que
apuntan a un retroceso del 40% respecto a su primer año,
vendiendo únicamente 7.6 millones de relojes.
En
su lugar, se ha trabajado en otras fórmulas para crear un mayor interés
en este dispositivo que se sitúa entre la moda y la tecnología. Son las
correas y los demás complementos. Ahí la firma norteamericana ha
encontrado una necesidad: su recambio.
Uno de los últimos modelos ha sido ampliar el tipo de materiales, llevándolo desde el cuero tradicional a la robustez del nylon
o la colección con la firma francesa de moda Hermès. Todos esos
pequeños pagos han ayudado a prolongar las ventas en el tiempo, pero
únicamente a los usuarios ya propietarios del dispositivo.