Los
investigadores llevan tiempo explorando las oportunidades de aplicar
nanocables más delgados que un cabello humano a las baterías, pero sus
filamentos son extremadamente frágiles para manipular. Pero han dado
resuelto el problema al inventar una batería de nanocables
capaz de recargarse más de 200.000 veces, ampliando hasta en un 3.000%
los ciclos de carga de las pilas convencionales fabricadas en iones de
litio. ¿Quiere decir que es «eterna» e infinita? No como se podría
intuir, pero anticipa la llegada de pilas comerciales de gran
durabilidad que incluso evitaría su recarga durante la vida útil del
dispositivo, tal vez nunca.
Para el experimento han aplicado nanocables con un recubrimiento de oro, del tamaño de una bacteria, y una capa de un gel electrolítico y de óxido de magnesio. El resultado es una combinación resistente y fiable, además de conducir la electricidad de forma estable y cuenta con una «gran superficie» para el almacenamiento y la transferencia de electrones. Además, evitaría el agrietamiento que suele ocurrir en las baterías convencionales cuando se acerca a su ciclo de vida.
Lo curioso de este sistema es que los científicos desconocen la razón del mismo. Los investigadores desconocen, realmente, cómo funciona. «Mya -una de las investigadoras- estaba jugando, y recubrió todo esto con una capa de gel muy fina y empezó a cargarla», explica Reginar Penner, uno de los investigadores del estudio.
«Ella descubrió que únicamente mediante el uso de este gel el ciclo de vida duraba cientos de miles de veces sin perder capacidad», agrega este experto. «Empezamos a someter a los dispositivos a ciclos de recarga y, poco a poco, nos fuimos dando cuenta de que sus baterías no perdían capacidad y todavía no entendemos cuál es el mecanismo», reconoce.
Para el experimento han aplicado nanocables con un recubrimiento de oro, del tamaño de una bacteria, y una capa de un gel electrolítico y de óxido de magnesio. El resultado es una combinación resistente y fiable, además de conducir la electricidad de forma estable y cuenta con una «gran superficie» para el almacenamiento y la transferencia de electrones. Además, evitaría el agrietamiento que suele ocurrir en las baterías convencionales cuando se acerca a su ciclo de vida.
Lo curioso de este sistema es que los científicos desconocen la razón del mismo. Los investigadores desconocen, realmente, cómo funciona. «Mya -una de las investigadoras- estaba jugando, y recubrió todo esto con una capa de gel muy fina y empezó a cargarla», explica Reginar Penner, uno de los investigadores del estudio.
«Ella descubrió que únicamente mediante el uso de este gel el ciclo de vida duraba cientos de miles de veces sin perder capacidad», agrega este experto. «Empezamos a someter a los dispositivos a ciclos de recarga y, poco a poco, nos fuimos dando cuenta de que sus baterías no perdían capacidad y todavía no entendemos cuál es el mecanismo», reconoce.
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